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TGN y TGS dicen que el precio del GNL volverá a los 9 dólares e insisten en hacer una planta licuefactora

La transportista del sur prefiere el gasoducto que proyectó Macri a Bahía Blanca, mientras que la norteña avala el caño a Brasil que negocia el Gobierno.
Obra de reparación de un gasoducto de TGS.

Las dos transportistas de gas que controlan el mercado argentino se unieron en un mismo diagnóstico para reflotar la construcción de una planta licuefactora. Según destacaron los CEOs de TGN y TGS, el precio del GNL volverá a un rango de entre ocho y nueve dólares, lo que tornaría competitivo el gas de Vaca Muerta a escala mundial.

Se trata de un análisis muy optimista que dista de las opiniones de la mayoría de los consultores para corto y mediano plazo. Es que no solo el precio debería incrementarse exponencialmente respecto a los 2,7 dólares que promedió en los últimos meses, sino que se ubicaría en el doble de los niveles prepandemia.

Para que ocurriera algo semejante, la economía global debería empezar a crecer a tasas inéditas y principalmente tendría que acelerarse la descarbonización de la matriz energética en todo el mundo. En ese sentido, el gas aparece como el combustible ideal para esta transición siempre y cuando no surja una innovación tecnológica que haga viable una mayor expansión de las renovables.

Lo curioso es que de acuerdo a los ejecutivos, incluso en ese escenario tan favorable, el margen para el gas neuquino seguiría siendo muy fino. “Si uno hace la cadena de la producción podría asumir un valor de boca de pozo de tres dólares, un dólar de transporte, 2,5 en peaje de licuefacción y 1,5 dólares de flete”, indicó Oscar Sardi en un Webinar organizado por Megsa (Mercado Electrónico de Gas).

Los cálculos del director de TGS marcan un break even de ocho dólares que parecería peligroso a la hora de apostar con tantos miles de millones de dólares a la construcción de la infraestructura necesaria para concretar esta osadía.

De todas maneras, Sardi insistió en realizar el gasoducto Neuquén-Salliqueló y la planta licuefactora en Bahía Blanca, tal como preveía la idea original del macrismo. El primero requeriría de una inversión superior a los 2.000 millones de dólares, mientras que la segunda obra exigiría un desembolso inicial de 500 millones para cuatro módulos de cuatro millones de metros cúbicos día cada uno.

Por el contrario, el CEO de TGN Daniel Ridelener se diferenció en este último aspecto. En primer lugar, no descartó la posibilidad de que la terminal licuefactora se monte en Chile, lo que beneficiaría a su firma al operar los gasoductos que se dirigen al país trasandino como el Concepción, el GasAndes y el Norandino.

Tampoco se opuso a la idea de evacuación por el Atlántico, pero en ese caso dijo que “en vez del gasoducto nuevo, uno podría pensar en expandir modularmente tanto los sistemas de TGN como los de TGS” con diversos loops o plantas compresoras. “Hasta 10 millones de metros cúbicos día conviene la expansión modular, ya con 20 millones es mejor hacer un nuevo gasoducto. El tema es entre 10 y 15 que es el punto de quiebre”, explicó.

Donde sí se mostró a favor de hacer un nuevo caño es en el tramo hacia Brasil, iniciativa que propuso el ex secretario de Energía Sergio Lanziani y que en los últimos días discutieron Daniel Scioli junto al ministro brasileño Bento Albuquerque. “Recientemente el embajador argentino en Brasil se reunió con las autoridades de ese país y estuvieron hablando de este proyecto. La central de Uruguayana demanda dos millones de m3/día y a Porto Alegre se podría llegar con entre ocho y diez millones m3/día” celebró.