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Tarifas por bandas horarias: el modelo español para reducir los picos de consumo eléctrico

El sistema desincentiva el consumo en momentos de mayor demanda con un precio más alto y con herramientas tecnológicas para programar la utilización eléctrica en los momentos deseados. ¿Por qué sería difícil aplicarlo en Argentina?
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Teresa Ribera, Ministra de Transición Ecológica de España.

Los picos de consumo eléctrico constituyen un verdadero problema para los sistemas energéticos en todo el mundo. Obligan a los países a construir una gran infraestructura que será aprovechada apenas pocos minutos al día y que el resto del tiempo permanecerá sub utilizada, lo que trae aparejado muchas ineficiencias en la operación y una mayor contaminación ambiental.

Sería como hacer una autopista tan grande como para que no exista el tráfico en hora pico: tendría una enorme cantidad de carriles por los cuales no circularía nadie la mayor parte del día. Lógicamente, esto no sucede en el mundo del transporte automotor, pero a nivel eléctrico no existe la opción de poder tolerar una “circulación más lenta” en los momentos de mayor demanda. Los sistemas energéticos deben contar con la capacidad de generación, transporte y distribución para satisfacer toda la electricidad que pueda ser demandada. Incluso, deben contar con un margen extra por si los pronósticos fallan y se demanda más luz de la esperada.

La clave, entonces, pasa por lograr que esos picos sean lo menos pronunciados posible. En ese afán, España implementa un esquema tarifario de bandas horarias donde el precio del kW/h es distinto según el momento de la jornada. El escalón más bajo es el “valle” y tiene el precio más económico (de 00.00 a 08 de la mañana -de lunes a viernes-, y todas las horas de los fines de semana y feriados). Luego está el eslabón “intermedio” (lunes a viernes de 8 a 10.00 hs, de 14.00 a 18.00 hs y de 22.00 a 24.00 hs) y la parte más alta de la curva es la “punta” o “pico” que refiere al momento de mayor consumo y, por ende, un precio más alto (de 10 a 14.00 hs y de 18 a 22.00 hs).

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Como indica la lógica, en los momentos de mayor demanda, el valor asignado al KW es más alto, pero eso no significa que el consumidor esté dispuesto a pagar más en esos momentos. “Se trata de reflejar el mismo comportamiento que tendría un mercado competitivo de un recurso limitado y se asigna un valor que reflejaría esa mayor predisposición que tendría el consumidor a pagar más cuando el recurso del que se quiere disponer es escaso”, explica Eduardo Rodríguez Chirillo, consultor independiente y ex miembro de grandes empresas del sector.

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La capacidad o el espacio de cantidad de kilovatios que puedan pasar por el cable son los que necesitan los aparatos que están conectados a la red en una casa o en un bar, y esa “capacidad” para poder consumir (potencia) se contrata según el tipo de consumo. Siempre se pagan ambos conceptos (potencia y energía), a excepción de las casas de veraneo. “Normalmente la potencia contratada es la misma para todo el año. No obstante, con el nuevo esquema tarifario se pueden contratar potencias diferentes en dos de los tramos horarios (el tramo punta y el tramo valle). Este tipo de contratación permite no gastar en un nivel de potencia, cuando no estamos consumiendo en un tramo horario”, señala Chirillo. Además de la potencia, el consumidor paga por la energía que consume en el día, y en este punto es relevante la fijación de los tramos horarios de la tarifa, denominados como valle, punta, llana, lo que en Argentina conocemos como valle, pico y resto.

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Fuente: Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia

La señal de fijar el precio más alto a mayor demanda busca evitar picos pronunciados en el consumo, ya que eso eso supone la necesidad de una mayor potencia a disposición. Si bien se trata de una conducta individual, el verdadero aporte del comportamiento en el consumo por parte de la demanda se ve en una conciencia conjunta de todos los consumidores, con la salvedad de que quien genera el costo más alto, paga por él.

En el fondo, la fijación de tramos horarios es un modo de asignar los costos que tiene la producción que genera y se transmite para ser consumida en los centros de consumo en distintos momentos, coincidentes con el comportamiento que tendría un mercado competitivo de consumo de un producto. Al contar con una tarifa más alta en las franjas horarias de mayor consumo, lo que se busca es que la tarifa se convierta en una señal económica que eduque en el consumo. Un elemento que aporte conciencia en el consumo de un recurso que no es ilimitado y que este año le está trayendo serios dolores de cabeza al país ibérico a partir del salto en el precio de gas que está encareciendo todo su sistema de generación. En efecto, ese encarecimiento se trasladó a las tarifas, las cuales sufrieron un incremento en torno al 25% en lo que va del año.

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Fuente: Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico

¿Podría aplicarse en Argentina?

“Antiguamente, el medir y facturar por franja horaria sólo era eficiente cuando el consumo de energía era de un nivel tal que justificaba el costo de un medidor”, explican a EOL desde Cammesa. Se trataba de lo que se llamaba “triple tarifa”, denominación que se utilizaba para los clientes industriales o grandes comercios, porque podían registrar el consumo por banda horaria.

Hoy por hoy, remarcan desde el Mercado Mayorista Eléctrico, “los medidores son mucho más dúctiles, ya que registran continuamente y tienen capacidad de memoria que alcanza para guardar información por 45/60 días y mucho más baratos que los referidos previamente”.

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De esta manera, el control de los consumos se hace mucho más sencillo y, “en el caso de así decidirse, habría que invertir bastante plata y modificar no sólo los programas sino los regímenes tarifarios y las concesiones”. Una modificación que entienden posible en el objetivo final de reducir el consumo de energía en los horarios en que producirla es más caro.

En vínculo con lo aplicado en España, desde Cammesa reconocen que “la utilización de facturar los consumos por bandas horarias y/o tipos de día sería lo deseable en todos los casos”. Sin embargo, remarcan que para ello los consumidores afrontar el costo real de la energía, lo que no ocurre con una tarifa subsidiada. “Si los consumidores sólo pagan el 30/35% del costo de la energía como pasa en la Argentina, el pretender la aplicación de un régimen de esas características no tiene mucho asidero”, consideran en relación a los elevados subsidios que eroga el Estado Nacional.

De cualquier modo, se hace la salvedad de que “el sistema eléctrico en España tampoco es un mar de rosas, ya que ellos también tienen sus problemas, además de que, de forma indirecta, los consumidores también son subsidiados a través del gobierno nacional, ya que el Estado se hace cargo de unos costos retroactivos de la generación renovable, que la demanda no ve”.

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Es que, bajo el concepto de cargo, el consumidor español paga tres conceptos: un suplemento territorial que es destinado a que todos los habitante paguen el mismo kw/h -tanto los de la península como los de las islas (Canarias y Baleares)-, un déficit de tarifa que se generó de 2009 a 2014 -dado que el pago de la tarifa no cubría los costes de generación-, y las primas especiales (incentivos) que reciben las energías renovables por fuera del precio de mercado.

La importancia de avanzar hacia redes inteligentes

Otra de las diferencias que nos separan del modelo español es el atraso en la incorporación de medidores inteligentes que permitan dar un salto en la gestión del sistema. “Las bandas horarias son un buen mecanismo porque el residencial puede orientar su consumo a las horas de menor precio, pero necesitas de medidores inteligentes. Hoy, los electrodomésticos vienen con WiFi, se conectan con el medidor y automáticamente pueden programarse para que, por ejemplo, el lavarropas se encienda por su cuenta a las 3 de la mañana sin que vos tengas que levantarte. El medidor le da la orden”, subraya a EOL el consultor Oscar Medina, quien supo integrar los equipos de Cammesa y el ENRE.

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Según entiende el especialista, este cambio tecnológico no es caro y está demostrado que “los beneficios económicos que traen lo pagan con creces”. “En España te cobran 90 euros por el medidor, pero lo podés pagar en 48 cuotas. Son menos de 2 euros al mes y si te mudás tenés derecho a llevarte el aparato”, destaca.

El giro hacia las llamadas “smart grids” es un cambio de paradigma que desde hace años se viene observando en los países más desarrollados en miras de alcanzar una mayor eficiencia en los sistemas y contribuir con la reducción de emisiones. Permiten soluciones en tiempo real e incorporan a los usuarios como un actor estratégico en la toma de decisiones.

“El mundo está yendo a esa dirección. Allá la discusión es involucrar al usuario en la discusión del consumo porque bajar los picos implica menor emisión de dióxido de carbono. El modelo español es sumamente transparente, pero lo pueden hacer porque tienen grandes servidores de Big Data”, agrega Molina.