Inicio Ambiente Qué es la economía circular y qué desafíos impone al sector energético

Qué es la economía circular y qué desafíos impone al sector energético

Un informe reciente muestra que la circularidad en la economía disminuyó un 0,5% en los últimos dos años, aún cuando más esfuerzos deberían hacer las industrias en pos de avanzar en la transición energética.
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La economía circular es un concepto por el que, cada vez más, toda área productiva se ve interpelada. Debe verse interpelada. Difícilmente, algún sector pueda escapar a la utilización de material en alguna parte de su proceso, con lo cual la responsabilidad se hace presente. Y si ningún actor de la sociedad, –con el cambio climático como una amenaza que lejos de ser un elemento de fondo es un presente cada vez más palpable–, está exento de repensar sus hábitos de uso de materiales durante su producción, tampoco puede estarlo la industria petrolera. En definitiva, si de utilizar y reutilizar se trata, nadie puede desentenderse.   

Tal como analizamos en una nota anterior de EOL respecto a desafíos particulares de la industria petroquímica en su necesidad de adoptar prácticas más sostenibles, la economía circular plantea ciertas directivas que llevan a que la descarbonización de la matriz energética mundial sea un norte ineludible. El último Circularity Gap Report, publicado este año, indicó que la industria de combustibles fósiles requiere de 15.1 Gt (giga toneladas) de materiales y cuenta emisiones de CO2 eq. por 38.4 Gt, lo que la ubica como el sector con mayores emisiones de la economía global.

“Nuestra economía es apenas un 8,6% circular. La buena noticia es que simplemente hay que cerrar esa brecha duplicando el registro actual. Sin embargo, el problema es que la circularidad está tendiendo a caer y no a crecer”, sostiene este reporte anual que lleva adelante la organización Circle Economy. Mientras que el reporte de 2020 reveló que sólo el 8,6% de la economía global era circular, los autores señalan que “apenas dos años antes era del 9,1%, lo que significa que las cosas empeoraron. Entonces, aunque únicamente se necesita casi duplicar la circularidad actual para cerrar la brecha de emisiones para 2032, el planeta permanece encadenado a prácticas obsoletas de take-make-waste”.

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El escenario actual indica que, entre 2018 a 2020, la circularidad de la economía en el planeta se vio disminuida, en un presente en el que los combustibles fósiles son los mayores responsables en emisiones de GEI, lo que tiene como trasfondo una matriz energética primaria mundial que al día de hoy es renovable en apenas un 15%.

De acuerdo a lo que sostienen especialistas, la economía circular asegura que con menor aporte en término de material se puede lograr una mejora en términos de prosperidad. Esto va a requerir más que poner el foco en las energías renovables, remarca el Circularity Gap Report. Debe haber “una corrección transformativa del curso que no sólo incentiva a cambios de hábitos sino que implica una revisión de las actividades lineales”.

En este sentido, a lo largo de cinco años, aquellos que pasaron desde el Acuerdo de París, emergieron brechas aún mayores entre promesas e implementaciones. Una visión que se sostiene tanto desde el sector que estudia a la economía circular como del sector energético. “Con cada año de progreso lento, los desafíos crecen. Son necesarias acciones más extremas”, asegura el informe.

En lo que hace la circularidad de la economía, se puede hablar flujos, es decir procesos que se dan en torno al uso de cada uno de los materiales de los que nos valemos en nuestra cotidianeidad. Los especialistas plantean que a estos flujos hay que angostarlos, ralentizarlos, regenerarlos y hacerlos cíclicos (narrow, slow, regenerate and cycle). Se trata de cuatro estrategias matriciales que parten de la base de que, en definitiva, cuanto menos material utilicemos, menores serán las emisiones de gases de efecto invernadero. De la misma manera que a medida que sea mayor el tiempo de funcionalidad de los materiales, también será menor nuestra huella de carbono.

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Respecto a las necesidades de la sociedad, se puede ver que la provisión en los sectores de Movilidad, Construcción y Nutrición reúne casi un 70% de las emisiones de GEI a nivel global. La Movilidad lidera el registro en la huella de carbono con 17.1 mil millones de toneladas de emisiones. En segundo lugar, está el sector de la Construcción, con 13,5 mil millones de toneladas y, luego, se ubica la Nutrición –provisión de alimento–, con 10 mil millones de toneladas de emisiones.

Consultado por EOL, Julián Tuccillo, miembro del Comité Argentino del Consejo Mundial de Energía, vincula los ámbitos de la energía y la economía circular y señala que “el gran concepto detrás de la sustentabilidad ambiental es el de renovabilidad y ese es el mayor desafío para lo energético y lo material”.

Amplía esta idea y dice que, desde el punto de vista ambiental, se puede definir a la sostenibilidad como aquel camino en el que como humanidad: “nos abastecemos de recursos materiales y energéticos renovables o regenerativos (procurando que la tasa de extracción y consumo sea siempre inferior a la tasa en la que se regeneran naturalmente en la biosfera); consumimos y producimos materiales y energía minimizando el riesgo para la salud de las especies vivas de la tierra; consumimos y producimos materiales y energía minimizando las emisiones de agentes contaminantes (sólidos, líquidos, gaseosos, incluyendo GEI). Según indica él, si tomamos como parámetro estos tres principios, la mayoría de las industrias materiales y energéticas de la humanidad actual no están en una condición de cumplimiento de la sostenibilidad.

“La economía circular tiene un impacto positivo en las emisiones porque consumís menos energía para producir lo mismo. Por ejemplo, si vos querés producir un plástico a partir de una materia prima virgen, como petróleo, gas y todo el proceso petroquímico, tiene cierto consumo de energía. Ahora, si ese mismo plástico lo producís a partir de plástico reciclado tiene un consumo de energía mucho más bajo, del orden del 20 o 30%”, explica Andrea Heins, presidenta del Comité Argentino del Consejo Mundial de Energía. De cualquier modo, remarca que el afán de ser más eficientes en términos energéticos no alcanza únicamente al sector energético sino que debería ser una premisa en todo el sector productivo.

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Pero hace referencia a un caso concreto en que se da un proyecto de economía circular en un vínculo concreto con el oil&gas. “En Vaca Muerta, todo lo que hace a la utilización de arenas para el fracking tiene un gran volumen de desechos. Son bolsas plásticas que se venden y a partir de eso hacen bolsos, mochilas y valijas. O sea, que a partir de desechos que se hace, por decir de alguna manera, un producto boutique”, explica. Una de las empresas es Fracking Design, un proyecto de tres hermanas que, a partir de una visita a una planta de tratamiento de residuos petroleros, observaron que la tela podía resultarles útil para dar un giro de sostenibilidad a un emprendimiento de moda tradicional que ya llevaban adelante. El material es un polipropileno que, según indican ellas, tarda más de 400 en biodegradarse.

No obstante, Heins repara en que el aporte en reducción de emisiones generado a partir de este tipo de proyecto es de utilidad, pero no deja de ser marginal. Precisamente en la reducción de emisiones hace hincapié el Circularity Gap Report y, en este aspecto, no da una señal de aliento en lo que se está haciendo en la actualidad: “Incluso si todos los países que adhirieron al Acuerdo de París cumplieran con sus promeses de reducción de emisiones, el pronóstico de incremento de la temperatura global alcanzaría los 3.2 grados en este siglo. El calentamiento global no muestra señales de desaceleración y la realidad indica que determinadas ciudades y países con una mayor vulnerabilidad afrontarán catástrofes que amenazan a gran parte de la población”.