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Qué es el hidrógeno verde y por qué Argentina tiene una oportunidad de oro

La clave de esta tecnología está en cómo se separa el hidrógeno del agua para evitar las emisiones de CO2, pero además será necesario bajar el costo de generación.
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Más por urgencia que por convencimiento casi todos los países ya se han subido a la “ola verde” en materia energética, explorando todas las vertientes de generación energética disponibles y sustentables, no sólo en términos ambientales sino también económicos.

El reciente anuncio relativo a una inversión de USD 8.400 millones para la producción de hidrógeno verde en Sierra Grande, provincia de Río Negro, posó la lente sobre la que tal vez sea la energía más limpia jamás producida en el mundo.

Así, en el marco de la 26° Conferencia las Naciones Unidas por el Cambio Climático (COP26), que se está desarrollando en Glasgow (Reino Unido), la australiana Fortescue, una de las líderes mundiales en la producción de esta tecnología energética, puso a Argentina -en alguna medida también a América Latina- en el radar de los inversores globales.

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Los estudios sobre la generación de energía a base de hidrógeno llevan décadas en todo el mundo, pero la novedad es que si bien todavía su producción no es más económica que la energía fósil, el desarrollo de las energías renovables, en especial la eólica, la fotovoltaica, la hidráulica o la mareomotriz, ofrecen una oportunidad inigualable de dar pasos muy grandes en su consolidación.

Así, la premura por reducir las emisiones de CO2 y ser más eficientes en el combate mundial contra el cambio climático ponen al hidrógeno en el centro de la escena.

El proceso

El hidrógeno es un elemento químico que se halla en la naturaleza, en especial en el agua. Se trata del elemento más liviano y el primero de la conocida tabla periódica, cuya particularidad es que posibilita la generación de energía con cero emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y liberando sólo vapor de agua.

La separación del hidrógeno de la molécula de agua se realiza a través de un proceso de electrólisis, es decir la aplicación de electricidad, que obviamente puede provenir de fuentes diversas. Justamente, ésta es el punto que hace del hidrógeno verde un salto de calidad en las estrategias frente al cambio climático.

La clave es el uso de energías renovables, con foco en la generación eólica, fotovoltaica, mareomotriz o hidráulica, para hacer el switch de hidrógeno generado por combustión de origen fósil a producción ambientalmente sustentable que no genera emisiones contaminantes.

En Argentina ya hace casi 30 años que comenzaron los estudios para la generación de energía a base de hidrógeno, pero como ocurre muchas veces, la oportunidad no estaba madura. Hoy, la necesidad de encontrar soluciones no contaminantes a corto plazo abre una nueva ventana.

Carrera contra reloj

Pero como ocurre con toda tecnología nueva y Argentina lo está viviendo con el litio, además de recursos naturales hay que atraer inversiones y prevalecer en la carrera por posicionarse en este mercado.

En un sector en el que Japón, Corea, Australia, China y las naciones europeas nórdicas ya picaron en punta, en América Latina países como Argentina, pero también Chile, Colombia, Brasil, Bolivia, México y Paraguay están dando pasos acelerados en la tecnología del hidrógeno.

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En el proceso de separación del hidrógeno se genera también amoníaco (NH3), utilizado en la industria de fertilizantes. No es la única que se beneficiará del desarrollo del hidrógeno. China y Australia están trabajando en la provisión de este tipo de energía para el sector minero, la industria siderúrgica, la química y hasta la industria naval.

También hay prototipos de trenes que funcionan con hidrógeno y la industria automotriz ha desarrollado algunos prototipos, aunque la producción en escala aún está lejos. Y se estima que para 2040 un 25% de la flota naval del mundo funcionará a base de hidrógeno.

Por el momento, los mayores desafíos son resolver el transporte o almacenaje del hidrógeno, la escasez de estaciones de carga y el costo de generación. Aunque claramente, el desarrollo de la tecnología contribuirá a bajar los costos de producción.

Según el Global Hydrogen Review 2021 de la International Energy Agency (IEA), hoy producir hidrógeno a partir de energías renovables puede costar de 2 a 7 veces más que hacerlo con gas natural, dependiendo de los precios del gas y de los renovables.