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Los planes ambientales de las petroleras argentinas para reducir su contaminación

La alarma del cambio climático obliga a reforzar acciones que hagan mermar su impacto en el ambiente. Las metas que se proponen las principales jugadoras locales.
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La presión ambiental que recae con cada vez más peso sobre los proyectos de las compañías petroleras hace que éstas deban apuntarlas sus planes de sustentabilidad y políticas ambientales de cara a la sociedad. Obligadas a atender escenarios en los que los organismos internacionales pondrán cada vez más trabas con el objetivo de lograr reducciones en la intensidad de las emisiones, las productoras estudian de qué modo aminorar su huella de carbono, lograr una mayor eficiencia energética, aminorar su impacto en el ambiente y reducir sus costos.

El caso de la anglo-neerlandesa Shell sienta un precedente. En su reporte de sustentabilidad de 2019, la empresa había presentado metas de reducción de emisiones de un 20% para 2035. Pero, tras el reclamo de una organización ambientalista, la Corte de La Haya falló en contra de la megacompañía y determinó que esos esfuerzos son insuficientes en este contexto de transición energética: Shell deberá reducir sus emisiones en un 45% para el 2030.

El resto de las compañías toma nota, sin embargo, eso no hace que las dudas se disipen al momento de pensar cómo se puede adaptar cada productora a la idea de que la transición energética apriete más el acelerador. Las grandes compañías a nivel global como la mencionada Shell, ExxonMobil, Chevron, Total Energies achican sus inversiones en materia de producción de gas y petróleo. No obstante, en el plano local, la perspectiva aún no está en la misma sintonía y los incrementos en las inversiones año tras año son celebrados y entendidos como indicios de reactivación de una industria en la que el Gobierno deposita amplias expectativas por su potencial capacidad de ingreso de divisas.

El norte de los planes ambientales de empresas como YPF, Vista Oil&Gas, Tecpetrol, Pluspetrol y Pampa Energía es, evidentemente, el de la reducción de emisiones. Con ese objetivo, las empresas necesitan demostrar que así como pretenden alcanzar mejores cifras en términos de producción también lo desean en cuanto a su impacto en el ambiente. Para ello, buscan hacerse con tecnología más avanzada que les permitan ser más eficientes en la operación, pensar en alternativas que hagan que el gas venteado registre una baja, mejorar las prácticas de seguridad, minimizar derrames ambientales, reducir el consumo de agua y preservar la biodiversidad de los territorios en los que ellas operan.

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La compañía de bandera se ha puesto como meta reducir en un 10% la intensidad de las emisiones de CO2 equivalente para 2023 y alcanzar una mejora del 10% en cuanto a eficiencia energética y del 70% en la producción de combustibles bajos en azufre, también para 2023, según indicaron a EOL. Desde la compañía que preside Pablo González se suele hacer hincapié en que el gas el combustible de la transición que hará las veces de puente entre los combustibles fósiles más nocivos para el ambiente y las energías limpias.

Eficiencia y licuefacción

En cuanto a acciones vinculadas a la eficiencia energética, en el Upstream, durante 2020, YPF asegura haber realizado “más de 100 revisiones energéticas, que incluyeron la detección de brechas, el diseño de líneas de base y la actualización de controles operativos. También se generaron manuales de eficiencia y diagnóstico energético, así como cursos en línea sobre estas materias”, además de las instalación de unidades de recuperación de vapor, y se optimizaron los sistemas de calefacción, compresión e inyección.

A su vez, destacan “el proyecto piloto implementado en los equipos de perforación no convencional para reemplazar el uso de combustible líquido por GNL producido a partir del gas que se captura durante las pruebas de pozos”.

Para ello, se utilizan equipos de licuefacción modulares y transportables que captan el gas de los pozos en ensayo y reducen su volumen. Ese GNL se transporta en contenedores y cisternas criogénicas hasta los puntos de consumo, donde puede ser entregado en forma líquida, “por ejemplo, para camiones que funcionan con este combustible— o gaseosa, para clientes industriales”.

En esta misma línea, desde 2018, implementan “un proyecto de captura de gas natural proveniente de venteos y pozos aislados para producir GNL que, al poseer un volumen 600 veces menor, puede ser transportado en forma más eficiente desde lugares aislados”.

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En lo que concierne al venteo de gas, YPF señala a este medio que las medidas a tomar pasan por la obtención de datos de mejor calidad, a partir de la actualización de metodologías de cálculo y mapeo del flujo de emisiones de metano, en programas de detección y mitigación de fugas. A la par, la compañía está trabajando en “la construcción de infraestructura y adecuación de instalaciones (plantas y ductos)”.

Respecto al segmento de Downstream, en 2020, la compañía de bandera renovó las unidades de procesamiento en Luján de Cuyo y La Plata. “En este último complejo, además, comenzó a operar una nueva planta de cogeneración eléctrica (89 MW) que permitirá trabajar en isla, volcar excedentes al sistema interconectado y contar con una provisión más eficiente de vapor para la refinería”. De esta manera, en vez de producirlo mediante quema de gas, se genera de los gases de escape de la turbina que produce electricidad.

Por otra parte, YPF Luz estima hacer una inversión cercana a los 3.000 millones de dólares en energía eléctrica y renovables para los próximos cinco años, cifra que representaría doce veces la inversión realizada en el parque eólico Los Teros, recientemente inaugurado en Azul, que contará con poco más de 800 GWh al año de capacidad.

Vista y Tecpetrol

Por su parte, Vista Oil&Gas asegura haber reducido sus emisiones de GEI en 29.692 (Tn CO2 eq), entre 2019 y 2020, al haber pasado de 446.392 toneladas a 416.700 toneladas. Para fin de 2021, la compañía de Miguel Galuccio espera haber logrado una merma de 30% en la intensidad de emisiones. En la primera línea de los compromisos establecidos por la empresa para este año continuar disminuyendo la quema de gas al mínimo posible: “nuestra ambición desde el inicio de las operaciones es eliminar completamente la quema rutinaria de gases. Éste es un objetivo integrado a nuestra estrategia de desarrollo, especialmente en el diseño de los flujos y procesos de la operación”, indican.

En esta línea, Vista, en su último reporte de sustentabilidad, señala que busca adherir a la iniciativa Zero Routine Gas Flaring by 2030, programa del Banco Mundial a partir del cual se comprometerán a reportar públicamente el volumen de quema de gas de rutina y su evolución, en forma anual.

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Allí también detallan que, en Bajada del Palo Oeste, han optimizado el transporte del agua a través de tuberías flexibles, con lo que se reduce la huella de carbono que produce el transporte por camión. “Nuestra solución para el agua ha ahorrado, a diciembre 2020, más de 50.000 viajes de camiones a la locación del pozo”, señalan.

Tecpetrol, que cuenta con producción de petróleo y gas en Argentina, Ecuador, México y Colombia, en los que suma más de 750 pozos productivos, entre 2018 y 2019, ha logrado una baja en sus emisiones de GEI del 0,8%, habiendo pasado de 4.097.214 Tn CO2 eq. a 4.065.970 Tn CO2 eq. De cualquier modo, en sus planes a futuro, la petrolera de Techint no especifica en qué volumen espera reducir su emisión de gases.

Al igual que Vista, hacen hincapié en el afán de reducir el consumo de agua y avanzar en su reutilización a modo de reinyección para la estimulación hidráulica. “En Fortín de Piedra identificamos una reducción de la intensidad de consumo de agua de 0,87 m3 por m3 de producción equivalente, a 0,30 m3/m3 producción equivalente debido al menor uso en operaciones no convencionales”.

El consumo de la producción

Uno de los mayores desafíos que enfrenta la producción hidrocarburífera es la de encontrar alternativas más limpias al momento de abastecer a las bombas que utilizan los sets de fractura. Hoy, la opción es el gasoil y desde la misma industria consideran que su consumo es muy alto. Respecto a la actividad de YPF en Vaca Muerta, su presidente Pablo González señaló que, en julio pasado, este consumo alcanzó los 5,3 millones de litros. Se trata de la cifra que arroja apenas una empresa.

En materia de utilización de fuentes limpias, durante el primer semestre, YPF produjo 272 GWh mediante renovables, lo que se traduce en un 25% de su demanda eléctrica, es decir la energía que la compañía requiere para producir. “Hacia fines del 2021 y con el comienzo de operación del parque eólico Cañadón León, ubicado en la provincia de Santa Cruz, el 37% de la demanda eléctrica de YPF quedará cubierta por energías renovables”, indican desde la empresa.

Por cada etapa de fractura, el cálculo de gasoil consumido para generar electricidad se estima en un promedio de 11.500 litros. A lo paradójico de que la industria necesite consumir, en simultáneo, el mismo insumo que produce se suma el hecho de que esta práctica es la que representa una mayor emisión de gases de efecto invernadero (GEI) para las petroleras.  

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En los Estados Unidos, la industria del shale levantó el guante y ha implementado desarrollos tecnológicos para reemplazar el gasoil tanto con gas como el suministro eléctrico para el funcionamiento de estas bombas. Respecto a eso, el consultor energético Cristian Alonso Sisini dice que “es muy difícil producir equipos que pudieran trabajar a gas. Si no tenés producción in situ, tendrías que llevar gas en forma licuada, que probablemente sería la única forma en que que podrías llevar esa cantidad y que sea económico. No podés llevar tanques de GNC, porque la capacidad es muchísimo menor”.

Considera que, en el plan de hacer evitar el consumo de cantidades ingentes de combustibles líquidos, “parece lógica la idea del reemplazo por gas, pero sólo sería factible en lugares donde ellos pudieron tener el gas a mano”. La opción que aparece más a mano, por su reconocimiento local e internacional, es la que ofrece la compañía Galileo Tecnologies, compañía que trabaja en la provisión y distribución de pequeños servicios de licuefacción de gas en la ubicación en que la productora lo requiera.

En línea con esta idea, desde YPF señalaron a EOL que existe la posibilidad de reemplazar los motores diésel por motores a gas o motores eléctricos, lo que en ambos casos serían opciones menos contaminantes. “Además, el gas natural licuado tiene un gran potencial para reemplazar consumos de diésel, gasoil y GLP en la industria y el transporte. Como parte de proyectos piloto, instalamos kits bi-fuel en el motor de un generador y en el de una bomba de fractura para pozo de no convencional”.