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La transición energética entró de lleno en la agenda de la industria siderúrgica

La clave es ver quién paga el costo adicional de producir con energías limpias, en especial cuando se trata de modificar la matriz energética de las compañías.
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En un mundo que camina a paso firme en la transición hacia el uso de energías más limpias, el sector industrial empezó a involucrarse con fuerza en un tema que ya escaló a los primeros puestos en la agenda pública.

Y no se trata sólo de discusiones macro de los gobiernos respecto de los compromisos de reducción de las emisiones de CO2, como se observó a principios de mes en la COP26, la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de Glasgow (Reino Unido).

A nivel de las empresas el debate sobre la transición energética está permeando a los sistemas de producción, a la definición de nuevos estándares de calidad en las cadenas globales de valor y a la relación entre proveedores y clientes.

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Una muestra de esta nueva realidad se vio el 17 y 18 de noviembre en Alacero Summit 2021, el encuentro anual de la industria del acero latinoamericano, que esta vez, por efecto de la pandemia, tuvo un formato híbrido con algunas presentaciones de manera virtual, junto a una modalidad presencial desde Sao Paulo, Brasil.

Uno de los expositores más convocantes, sin dudas, fue Paolo Rocca, presidente y CEO del Grupo Techint, uno de los big players de la industria siderúrgica regional y mundial.

Rocca señaló que la cuestión central que se deriva de las discusiones en la COP 26 es “quién paga la transición energética, y en qué medida el costo de esta transición debe ser asumido por los consumidores. Éste es un debate que empieza ahora”, enfatizó.

El punto clave es que esta discusión tiene una dimensión macro pero también al interior de la cadena de valor siderúrgica. “En cierta medida, es posible minimizar los costos de la transición”, al absorber cada compañía los costos de esa transición, señaló el industrial.

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Pero advirtió que “claramente, cuando por ejemplo tenemos que modificar las matrices energéticas de nuestras compañías, incluyendo mayor participación de renovables o llegar hasta el hidrógeno para determinado proceso de reducción, o absorción de carbono en los altos hornos, ahí los costos crecen”.

Paso a paso

En este aspecto, Rocca destacó que el margen de acción se reduce a seleccionar muy bien los proyectos de ingeniería para esta transición y la evaluación de costos pero “no tenemos espacio para hacernos cargo de esto en la reducción de nuestros márgenes, ni podemos pretender que se hagan cargo los estados a través de subsidios”, advirtió.

Así, deslizó que parte de estos costos terminarán trasladándose a los consumidores. En esta puja de intereses, también se está dando un debate interesante al interior de las cadenas de valor.

Rocca explicó que está empezando a discutirse con los clientes qué hacer con estos costos de la transición pero por ahora apenas la industria automotriz parece tener claro que la producción de autos totalmente green puede comercializarse con un precio diferencial.

En esa lógica, las terminales también serían proclives a pagar más por el “acero green” pero para productos específicos, destinado a clientes dispuestos a pagar un poco más por esos vehículos.

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Máximo Vedoya, presidente de la Asociación Latinoamericana del Acero (Alacero) y CEO de Ternium, fabricante world class de aceros planos, aseguró que la industria siderúrgica tiene por delante un gran desafío, aunque la producción de acero contribuye “con el 8% de las emisiones de CO2 a nivel global”, mientras que América Latina explica un 2,8% de las emisiones.

En este contexto, el acero es un elemento central para un mundo más sustentable. Se trata de un material 100% reciclable, con una separación simple y con una huella de carbono “sensiblemente menor” en relación a la producción de otros materiales.

Para Vedoya la velocidad de la transición energética dependerá de condiciones propias de cada país. Sin embargo, marcó tres aspectos clave en la colaboración de los gobiernos para el logro de estos objetivos, lo más parecido a una lista de demandas:

  1. Garantizar con políticas y acuerdos que la industria del acero regional tenga disponibilidad de chatarra para reciclar.
  2. Incentivar y acelerar el desarrollo de energías renovables.
  3. Asegurar el acceso al gas natural a precios competitivos.