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La obra del gasoducto Néstor Kirchner por dentro: una recorrida por el campamento PK60

EOL visitó uno de los obradores del emblemático caño que tanto necesita la Argentina para revertir su déficit energético. El optimismo por el ritmo de avance y los pasos de la segunda etapa.

El clima empezó a acompañar en el momento justo. Con el ocaso de la primavera, se termina la temporada de intensos vientos patagónicos que tornan cuesta arriba cualquier obra que pretenda remover semejante cantidad de tierra como ésta y maniobrar con caños de 3.500 a 5.000 kilos. Estamos en el noroeste de la provincia de Río Negro en un lugar donde, hace dos meses, no había nada más que estepa. Hoy, además de esa misma tierra y polvo que vuelan incesantemente, hay un campamento que alberga a 250 personas y donde se apilan hileras con miles de tubos de 12 metros por donde se transportará el gas de Vaca Muerta que Argentina tanto necesita para revertir su déficit energético.

PK60, así le denominan por la terminología inglesa que tanto predomina en la jerga petrolera a este punto estratégico que funciona como una de las cinco bases que tendrá la construcción del gasoducto Néstor Kirchner a lo largo de una traza de 573 km. Como su nombre lo indica, el campamento se encuentra a 60 km del inicio del tendido en la localidad neuquina de Tratayén. La particularidad del sitio es que, a diferencia del resto, posee una de las dos únicas plantas de doble junta que resultan claves para reducir tiempos e iniciar el proceso de obra de una forma más eficiente.

Hace unos cinco días que, por medio de estas máquinas, se están soldando los 100 tubos de 12 metros que llegan por día desde la planta de Techint en Valentín Alsina para luego poder transportarlos ya como brazos de 24 metros a lo largo de “la pista”, el camino que se hace para ir dejándolos presentados antes de juntar las piezas que faltan y enterrarlos un metro bajo tierra.

De acuerdo a los cálculos de las constructoras, el próximo lunes se iniciará la etapa del “desfile de caños” y cerca de Navidad se dará paso a la excavación de una zanja de 1,5 metros de ancho por 2,3 metros de profundidad, donde se colocará todo el ducto. En esta etapa, el avance iniciará desde cada cabecera para encontrarse en el centro, aunque no se afronten las mismas dificultades. Se estima que los 60 kilómetros que pasan por Neuquén y Río Negro son los más complicados de la obra. Primero, porque el tipo de suelo, al que llaman “cemento indio”, es mucho más duro y obliga a utilizar una maquinaria especial para perforar el terreno. Segundo, porque para cruzar hacia La Pampa hace falta atravesar el Río Colorado y, para ello, se diseñará una estructura ingenieril específica de 1.300 metros que se colocará 30 metros por debajo de su lecho.

Las complejidades de cada fase son enormes e involucran la coordinación de unos 1.500 equipos y camiones con casi 3.000 trabajadores directos en el pico de las actividades. El personal tiene un régimen de 25 días por 5 de descanso que sólo se detiene para ver los partidos de la Selección Argentina en Qatar.

“Los plazos vienen cumpliéndose perfectamente e incluso estamos evaluando aumentar el horario de trabajo que hoy es de 7 a 19”, afirman a EOL durante una recorrida en la que participó Wado De Pedro, Omar Gutiérrez, Sergio Ziliotto, Pablo González, Flavia Royón y Agustín Geréz. Desde Enarsa incluso hablan de “sobrecumplimiento” y hasta se ilusionan con poder terminar la obra antes de la meta del 20 de junio. Donde sí casi confirman un anticipo fehaciente en los plazos, es en la puesta en marcha de las 2 plantas compresoras que podrían licitarse la próxima semana para que puedan entrar en funcionamiento en julio y agosto del 2023, respectivamente.

En este escenario ideal, el país contaría con una capacidad de transporte de gas adicional de 11 millones de metros cúbicos diarios en junio del 2023 y, dos meses más tarde, ese volumen se duplicaría producto de la mayor presión ocasionada por estas plantas.

Ya los siguientes pasos involucran la búsqueda de financiamiento para el tramo del gasoducto que irá desde Salliqueló (Buenos Aires) hasta San Jerónimo (Santa Fe), donde hay negociaciones avanzadas con el BNDES (Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil) por un crédito de 600 millones de dólares para la provisión de caños, no así la obra civil que tendrá que hacerse con otros recursos.

De todos modos, desde Enarsa sostienen que el financiamiento no será un problema porque “esta obra se paga sola”. “Los precios de GNL para el invierno del 2023 se estiman en 37,5 dólares el millón de BTU cuando los precios del Plan Gas para productores locales se encuentran en el orden de los 4,45 dólares. Toda la obra te genera un ahorro de 9.000 millones de dólares y te permite un total autoabastecimiento de gas”, sostienen.

Más allá de que, con sólo sustituir importaciones de gas, GNL y gasoil, la obra transformaría la balanza comercial energética del país, el sueño de toda la industria es poder montar una planta licuefactora para exportar hacia todo el mundo. “Vas a tener un remanente de gas que el Estado tiene que aprovechar para contractualizar y proyectar un esquema piloto de lo que sería la exportación de GNL a través de una planta modular que permita aprovechar ese margen de volumen remanente que dejará el gasoducto”, dicen fuentes oficiales que prefieren mantener cautela hasta que no salgan los resultados de los estudios que YPF está encarando junto a Petronas para chequear la viabilidad de esta mega inversión. Es que, si bien a los altísimos precios actuales los rendimientos son enormes, la obra también tiene que ser viable a un valor de 5 dólares el millón de BTU por si las condiciones cambian durante las próximas tres décadas que, como mínimo, estaría funcionando la planta.