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La energía divide aguas en las elecciones de medio término de Estados Unidos

Las elecciones legislativas en Estados Unidos han dibujado un escenario más parejo de lo esperado en la previa a los comicios entre el oficialismo demócrata y la oposición republicana.

Las elecciones legislativas en Estados Unidos han dibujado un escenario más parejo de lo esperado en la previa a los comicios entre el oficialismo demócrata y la oposición republicana.

Sí es cierto que los republicanos se alzaron con la primera minoría en la Cámara de Representantes, aunque no tendrán los votos necesarios para sacar las leyes sin necesidad de aliados.

El panorama en el Senado es aún más parejo, con el oficialismo demócrata en 48 asientos, y la oposición sumando uno más (49), restando aún definirse al cierre de esta edición tres estados, Nevada y Arizona, donde el escrutinio sufrió demoras, y en Georgia donde se definió que habrá una segunda vuelta el 6 de diciembre, ante la realidad de que ninguno de los dos partidos pudo alcanzar el 50% de los votos.

Pero más allá de la paridad, y de los ganadores (el propio presidente Joe Biden que logró mostrar cierto músculo político y el gobernador de Florida, el republicano Ron DeSantis) y perdedores (varios gobernadores de ambos partidos y el propio ex mandatario Donald Trump), tres temas dividen al electorado según sus preferencias electorales.

Por un lado, la economía doméstica y en especial la inflación, la mayor en 40 años, pero bajando levemente en el cálculo a 7,7% en octubre, luego de registrar 8,2% anual el mes anterior. También hay opiniones divergentes sobre el apoyo de la administración Biden a Ucrania y el envío ante la invasión rusa.

Pero tal vez el tópico que más controversia genera, incluso en las redes sociales, es la política energética, que a su vez tiene varias aristas. Mientras el partido demócrata y el gobierno de Joe Biden impulsa un movimiento veloz hacia las energías limpias y renovables, los republicanos “bancan” la explotación petrolera y gasífera convencional y no convencional y son reacios a destinar fondos federales para programas de cuidado del medio ambiente.

De hecho, el expresidente Donald Trump, durante su presidencia, en junio de 2017, retiró a su país del Acuerdo de París que se negoció como parte de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. El acuerdo había entrado en vigencia apenas ocho meses antes.

En cambio, la primera medida ejecutiva que tomó el presidente Joe Biden, el 20 de enero de 2021, fue reincorporar a Estados Unidos al Acuerdo de París.

Hay un claro apoyo de la actual administración a los programas que fomentan la transición energética y apuesta por la reducción del calentamiento global, una posición que contrasta con la de los republicanos.

Sin embargo, esta misma semana fue cuestionada la posición de John Kerry, representante especial del gobierno para el clima, en la COP27 que se desarrolla en Sharm El-Sheikh (Egipto).

Mientras los países en desarrollo esperaban dólares y financiamiento para avanzar en programas de lucha contra el cambio climático, Estados Unidos ofreció un nuevo mercado de compensación de emisiones como parte de un nuevo programa llamado Acelerador de Transición Energética (ETA por su sigla en inglés).