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La crisis eléctrica detrás del apagón en Venezuela durante el partido con Argentina

Los cortes que afectaron a la transmisión televisiva son una constante en el país caribeño. La falta de mantenimiento y la fuga de cerebros explican el alarmante grado de precariedad del sistema.
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El corte en la transmisión televisiva durante el partido de Eliminatorias que jugó este jueves la Selección en Caracas, puso de manifiesto para el público argentino un problema que para los venezolanos está totalmente normalizado, pero que no deja de ser caótico en la organización de la vida diaria. “Tenemos alumbrones, no apagones. Casi que cuando tenemos luz es una sorpresa”, bromea un caraqueño ante la consulta de EOL.

En efecto, un reciente estudio del Observatorio Venezolano de Servicios Públicos (OVSP) sostiene que solo 1,1% de la población no ha presentado cortes de luz. Del resto, un 19% sufre cortes una vez al día, un 15,3% sufre cortes varias veces al día, un 7,3% entre cuatro y seis veces por semana y un 33,8% entre una y tres veces por semana.

Según confirmaron a este medio fuentes del sector energético venezolano, la falla que ocasionó la interrupción de la señal durante seis minutos en el inicio del primer tiempo devino de un problema en la sub estación transformadora que surte al complejo universitario donde se encuentra el estadio.

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En general, cuando hay un evento de esta magnitud, la Corpoelec (Corporación Eléctrica Nacional) suele desabastecer a otras regiones para evitar cualquier inconveniente de falta de generación, el principal cuello de botella del país caribeño.

Es que, a pesar de que la demanda de electricidad se desplomó a partir del 2014 cuando estalló la crisis económica venezolana por la caída del precio del crudo a nivel internacional, la curva de la oferta transitó una declinación incluso más pronunciada. Lo sorprendente es que la potencia instalada ronda los 34.000 MW, el triple de la demanda estimada en la actualidad.

“Imaginate que tenés empresas que hace 20 años son estatales porque las estatizó todas Chávez, y ahora con un estado quebrado, cada vez que se rompe algo lo emparchan. No hay ningún tipo de inversión o mantenimiento, es algo muy triste, una degradación continua”, señala el consultor energético Roberto Fagan.

Dado que la operación y el mantenimiento de las usinas térmicas es más costoso que el de las hidroeléctricas por los repuestos que requieren, las primeras fueron quedando en desuso y el parque generador se hizo cada vez más dependiente del complejo de embalses.

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Particularmente, la responsabilidad de que haya luz en los hogares venezolanos recae en la mega represa El Guri, en su momento la más grande del mundo hasta la inauguración de Itaipú que, de todas formas, es compartida por Brasil y Paraguay. Si se contemplan solamente las hidroeléctricas de un solo país, El Guri recién fue superada por los proyectos chinos del siglo XXI como Tres Gargantas y Xiluodu, que también la sobrepasaron en su novedosa línea de súper alta tensión de 765kv que hasta entonces era única en el planeta. “Guri era con Edelca lo más grandioso de Sudamérica en los años ochenta. No sé qué les pasa hoy. Venezuela es el manual de cabecera de destruir capital”, dice Fagan.

Sin embargo, El Guri no está exenta de los problemas de Venezuela. Además de sufrir el efecto de las sequías, la central está operando a la mitad de su capacidad porque no se reponen las turbinas dañadas, un proceso que tranquilamente podría acentuarse en el futuro.

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Embalse El Guri. Fuente: Corpoelec.

La fuga de cerebros

Además de la falta de inversión para reponer el desgaste de los equipos que también afecta a los eslabones de transporte y distribución que del mismo modo necesitan de repuestos que sólo se consiguen en el extranjero, las dificultades del sistema venezolano se incrementaron notablemente por la falta de personal calificado.

Se calcula que alrededor del 50% de los especialistas del sector eléctrico emigraron hacia otros países. Entre ellos, Argentina, donde ya hay varios de ellos trabajando en Cammesa. “Cuando empezó la crisis real con el gobierno de Maduro, muchos de los profesionales nos empezamos a ir porque ya era insostenible el tipo de vida que teníamos allá. Antes, el sueño de todo ingeniero era trabajar en el sector eléctrico porque era donde se podía hacer una mejor carrera y donde mejores salarios había. Pero después, empezaron a poner gente a cargo por motivos políticos que no tenía idea de la industria. Los profesionales empezamos a desanimarnos y cuando la crisis fue tal que ya ni se hacían rutinas de mantenimiento por la falta de dólares, nos empezamos a ir”, cuenta a EOL un ingeniero industrial venezolano que hace cinco años trabaja en el departamento informático de la mayorista eléctrica argentina.