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Europa cambia de rumbo y le da la etiqueta de energía verde a la nuclear y al gas

La nueva taxonomía era impulsada por Francia y permite recibir beneficios para atraer inversiones millonarias. El factor decisivo de la crisis del gas mundial y el impacto en Vaca Muerta.

La disparada de precios del gas a nivel mundial provocó un giro de 180 grados en la política energética de Europa. Luego de haber profundizado su rumbo hacia las renovables durante la pandemia, ahora la Comisión Europea dio marcha atrás y otorgó el estatus de “energía verde” a la nuclear y al gas natural.

Se trata de dos industrias fuertemente criticadas por los ambientalistas europeos y cada vez más países empezaban a dejarlas de lado. Sin embargo, la crisis energética que estalló a mediados del 2021 echó por tierras los criterios ecológicos para garantizar el abastecimiento energético y el acceso a precios razonables.

Con esta nueva etiqueta, se cataloga a la nuclear y al gas como energías sostenibles “de transición” y, de esta manera, les permite recibir beneficios millonarios para tornar más atractivas sus inversiones.

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Para la primera, la condición para lograr esta taxonomía será que las centrales sean aprobadas antes del 2045 y que le den una solución al problema de los desechos nucleares. En tanto, el gas tendrá como fecha de corte el 2030 -con un límite de emisiones de 270 gramos de dióxido de carbono por kilovatio hora- y para proyectos de gas para hidrógeno azul la fecha se extiende al 2035.

La medida representa un triunfo notable para la diplomacia francesa, que desde octubre pasado, como adelantó EOL, logró formar una “Alianza Nuclear” de 10 países que empezaron a presionar para sacar adelante la resolución.

Sucede que la energía nuclear abarca el 75% de la matriz energética francesa, por lo cual, sin este cambio se hacía imposible para París una transición ordenada en los plazos establecidos por la Unión.

Para tener éxito en su comitiva, Macron se alineó con los intereses alemanes al incorporar al gas como combustible de transición, insumo vital para la economía teutona. Un ejemplo de ello es el nuevo gasoducto Nord Stream 2 que se está por inaugurar entre Rusia y Alemania. Lógicamente, es una obra que demandó una enorme inversión y, por consecuente, para amortizarse deberá tener una vida útil mínima de 20 años.

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“Trasladar inversiones desde el carbón y ayudar a la transición energética, tenemos que abordar la transición verde y usar las herramientas que nos ayuden. Estas dos energías pueden servirnos de puente hacia energías renovables. Es una aproximación pragmática”, indicaron desde Bruselas.

Para Argentina significa una buena noticia en pos de desarrollar el gas de Vaca Muerta y apuntar a exportarlo vía GNL a mediano plazo. De lo contrario, su mercado estaría mucho más acotado y sería difícil conseguir inversiones de la magnitud necesaria para una planta de licuefacción.