Inicio Ambiente El vanadio amenaza el potencial del litio para almacenar energía

El vanadio amenaza el potencial del litio para almacenar energía

Es una tecnología más económica, segura y sustentable que las baterías de ion-litio. Alemania, Australia y China pican en punta.

En los últimos tiempos, mucho más tras la guerra iniciada en Ucrania como consecuencia de la invasión rusa, que puso en agenda la dependencia del gas y el petróleo, el almacenamiento de energía se ha vuelto una cuestión vital en todo el mundo.

Otra demanda en ese sentido es el desarrollo de las energías renovables, en un entorno de transición energética hacia tecnologías limpias, pero que requieren, nuevamente, cierto poder de acopio para usarse cuando las circunstancias así lo determinen.

Hasta ahora las baterías de ion-litio resultaban ser las más útiles y versátiles para almacenar energía, pero estudios recientes sostienen que el vanadio tiene mayores atributos, entre ellos facilitar el reinicio rápido de la batería después de estar inactiva por un tiempo, entre otros beneficios.

También se considera que es una tecnología más segura, económica y ambientalmente amigable que las baterías de ion-litio. No es un dato menor teniendo en cuenta que Argentina, y también Bolivia y Chile, apuestan fuerte a la explotación de litio como si fuera maná del cielo.

Desde hace al menos cinco años, cuando el litio, literalmente, irrumpió en la minería nacional como el nuevo horizonte del sector energético, se sabe que la oportunidad del litio como negocio era concreta pero limitada en el tiempo. Simplemente, hasta que una nueva tecnología la “desplazara”, algo que podría ocurrir ahora con el vanadio.

Nueva tecnología

Las llamadas baterías de flujo funcionan a partir de la capacidad de dos líquidos de generar electricidad al fluir uno al lado del otro. Pero hay un problema si los líquidos se contaminan, en cuyo caso la batería se degrada o se desestabiliza.

El vanadio ofrece una solución a este desafío, utilizándose en baterías de flujo sin mayores problemas. Aunque no todo es tan prometedor, porque también presenta complejidad por sus costos y la operación a ciertas temperaturas.

La batería de flujo redox de vanadio (VRFB) consiste en un sistema de almacenamiento de energía electroquímica que convierte la energía química en energía eléctrica y viceversa.

El desafío de avanzar hacia la generación libre de carbono, en el marco de las demandas ambientales a nivel global, puso sobre la mesa a los sistemas de almacenamiento de electricidad en base a VRFB para facilitar la generación de energía y el almacenamiento de larga duración, 24 horas por 7 días a la semana, indispensables para alcanzar las metas de generación “carbon free” y net-zero, sostienen los especialistas.

Big players

Desde 2014 la compañía alemana CellCube está desarrollando baterías de flujo de vanadio de nueva generación. Las baterías de flujo redox de vanadio “no sufren los múltiples problemas que enfrentan las baterías de iones de litio (LIB), como su naturaleza inflamable, vida útil corta, degradación rápida, falta de reciclabilidad y falta de flexibilidad”, explica CellCube.

Y agrega que “sobre una base de costo nivelado de almacenamiento, los VRFB ya superan a los LIB sin tener ninguno de los inconvenientes asociados con ellos”.

Otros países con desarrollo de esta tecnología son Australia y China. El país oceánico es el mayor exportador de litio, pero también cuenta con un 20% de los recursos mundiales de vanadio, lo que coloca a Australia a la vanguardia en este campo.

En cuanto a China, recientemente instaló la batería de flujo de vanadio más grande del mundo en el Instituto de Físico-Química de Dalian (DICP), con una potencia operativa de 100 MW y 400 MWh de capacidad, destinada a aumentar la eficiencia del uso de electricidad verde y mantener la estabilidad de la red.

“La importancia de la tecnología radica en la aplicación de servicios públicos de energía renovable a gran escala en el futuro. La generación de energía renovable, incluida la eólica y la fotovoltaica, es inestable y depende del clima. Por lo tanto, necesitamos tecnología de almacenamiento de energía para un suministro estable y continuo”, explicó, Li Xianfeng, subdirector de DICP.