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El plan de Brasil para potenciar el Presal y gasificar su matriz energética

La nueva ley forma parte de un programa para acelerar el desarrollo offshore, reconvertir la flota de transporte y mejorar la competitividad industrial. Apuntan a inversiones de más de USD 100 mil millones.
El ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes, junto al titular de Energía, Bento Albuquerque.
El ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes, junto al titular de Energía, Bento Albuquerque.

El Congreso brasileño está discutiendo una nueva ley gas que forma parte de un plan estratégico para poner en valor los inmensos recursos del Presal y así modificar la matriz energética en miras de aumentar la competitividad industrial gracias a los menores costos de este fluido.

Para tener una idea de la baja injerencia del gas en su economía, vale recordar que mientras en Argentina la matriz energética primaria está compuesta en un 52% por gas natural, en Brasil esa cifra apenas alcanza el 10%. Eso queda reflejado en una débil infraestructura de 8.500 kilómetros de gasoductos de transporte troncales. Casi la mitad que Argentina con el agravante de tener una superficie territorial continental tres veces mayor.

La matriz energética primaria de Brasil apenas está compuesta en un 10% de gas natural y su red de gasoductos tiene la mitad de kilómetros que la Argentina

Este cuadro se traduce en una incapacidad de instalar determinado tipo de fábricas en los estados que no tienen acceso al sistema de interconexión -como Piauí, Goiás, Mato Grosso, Rondonia, Pará, Amapá y Brasilia- y en un bajísimo uso residencial. En efecto, el poco gas disponible se destina casi en exclusividad al uso industrial y deja marginada a un 2,6% la utilización residencial y comercial, que en Argentina alcanza el 78% según los últimos datos publicados por el Instituto Mosconi.

Lo curioso es que el país vecino está lejos de sufrir un escenario de caída de producción como sucede en Argentina desde hace 16 años, más allá del tímido repunte con la entrada en funcionamiento de Vaca Muerta. Por el contrario, la producción de gas brasileña aumentó un 44% en los últimos seis años, un período en el que incluso se registró una de las peores recesiones de su historia en el marco de la crisis del Lava Jato del 2015 y 2016. El mismo sentido contra cíclico se observa en lo que va del 2020, donde en plena pandemia, la industria gasífera vecina anota saltos interanuales que llegaron a los dos dígitos como en el caso de junio (15%) gracias al dinamismo del Presal.

¿Qué es el Presal?

El Presal es uno de los descubrimientos petroleros más importantes de las últimas décadas en todo el mundo. Sus yacimientos están ubicados hasta unos 7.000 metros de profundidad, en las costas de los estados de San Pablo y Río de Janeiro, es decir, debajo del lecho marino.

Su nombre hace referencia a una capa de sal subterránea de unos 2.000 metros de espesor que se fue depositando hace millones de años sobre la materia orgánica y la retuvo hasta que ésta se convirtió en hidrocarburos. En consecuencia, para acceder a estos recursos es necesario sumergirse entre 2.000 y 3.000 metros en las profundidades del Atlántico Sur para recién ahí empezar a perforar los sedimentos de postsal que tienen un espesor similar a la capa salina que le sigue.

Plataforma offshore de Petrobras.

Como es de imaginarse, todo este proceso conlleva un altísimo costo de explotación que no sería afrontado si no se tuviera certeza de la magnitud y la calidad de estas reservas hidrocarburíferas offshore. En el caso del crudo, la producción del Presal se triplicó en los últimos cuatro años -lo que terminó bajando el costo medio de extracción a menos de 7 dólares por barril de petróleo equivalente- y actualmente nueve de los diez pozos más productivos de todo el país se encuentran en esta cuenca.

Respecto al gas natural, la producción proveniente del Presal prácticamente se duplicó año a año desde la entrada en operación en 2008 y ahora representa alrededor del 60% del total. Sin embargo, casi la mitad de este gas no es ingresado al sistema de transporte. Hasta la restricción de la Agencia Nacional del Petróleo (ANP), las petroleras se deshacían de este fluido directamente al quemarlo en antorchas. Pero como liberaban enormes cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera, ahora se reinyectan en los pozos y así mantienen la presión elevada.

Lo absurdo es que, según los datos del 2019, Brasil importó -entre Bolivia y el GNL- exactamente la misma cantidad de gas que desperdició al reinyectar en sus campos offshore que equivale al 45% de la oferta total. La gran pregunta entonces es por qué el gigante sudamericano se da el lujo de desperdiciar este recurso no renovable y malgastar divisas en su importación.

El cuello de botella de gasoductos offshore

Como suele suceder en la mayoría de los países latinoamericanos, muchos de los problemas económicos de Brasil se explican por un déficit de infraestructura y logística. El ejemplo del gas natural no podría ser más contundente.

Según los cálculos del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), la conocida entidad pública que financió históricamente los proyectos de obras más importantes de Brasil, se deberían construir otros tres gasoductos para solucionar el cuello de botella en el transporte de gas, sin contar el ducto “Rota 3” que está en ejecución y cuya inauguración se proyecta para el año próximo.

El punto conflictivo es que Petrobras cuenta con el monopolio de este segmento y no ha mostrado demasiado interés en avanzar con el plan de obras. Aquí entra a jugar el nuevo proyecto de ley de gas que busca privatizar este mercado para que cada petrolera pueda construir los gasoductos necesarios por su cuenta sin el aval de la firma estatal.  

“Existe una enorme barrera de entrada para todos los que quieren invertir en gas en el país. Hasta ahora, Petrobras operaba los gasoductos y cobraba el precio que quería.  Ese monopolio tornaba a la molécula de gas brasilera en una de las más caras del mundo para el consumidor final. Para tener una idea, el millón de BTU en Brasil cuesta 13 dólares cuando a Japón le sale 11 dólares y es un importador neto”, indica a este medio el especialista en petróleo y gas de Brasil, Bruno Epiro.

El gobierno de Bolsonaro traza proyecciones rimbombantes y dice que el costo del gas se reducirá en un 40% de aprobarse la nueva normativa, que se generarán inversiones por más de 100.000 millones de dólares en los próximos diez años, que se crearán cuatro millones de puestos de trabajo y que la industria podrá triplicar su producción al reducir sus tarifas energéticas y ganar competitividad.

Tal es el entusiasmo oficial, que el ministro de Energía Bento Albuquerque lanzó un plan de sustitución de las Centrales Térmicas Diesel por usinas de Ciclo Combinado (a gas) y un programa de reconversión a GNL de toda la flota de camiones. Incluso ya hablan de imitar los “corredores azules” que existen en la Unión Europea para garantizar el abastecimiento de GNL en rutas estratégicas que vinculan a las principales ciudades del viejo continente.

Bento Albuquerque, ministro de Energía y Minería de Brasil.

“Si bien hay un consenso técnico dentro de la industria y por parte de los economistas sobre el beneficio de esta ley, el ministro Guedes suele ser muy hiperbólico en sus cálculos. Cuando asumió decía que iba a recaudar un billón de dólares en su plan de privatizaciones y de hecho no privatizó nada. Los analistas independientes hablan de una reducción del precio del gas de entre el 10% y el 20%, lo que no deja de ser un gran logro”, subrayó a EOL Marco Bastos, analista político y económico del país vecino.

Según Bastos, la única forma de que se retrase la aprobación de la ley por parte del Senado es por el inicio de la campaña electoral en octubre o para influir en la discusión del polémico presupuesto enviado por el Ejecutivo que le asigna más recursos a Defensa que a Salud y a Educación. “Eso es muy conflictivo incluso para el centrao. Es una ampliación de los resortes de poder de los militares en el gabinete”, explica el analista. “Más allá de la coyuntura del Covid, este año legislativo es corto por las elecciones municipales. El 20% de los diputados son candidatos y los que no, igualmente se van a sus regiones a hacer campaña. Pero quizás llegue a votarse antes”, agrega.