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Educación energética: una asignatura pendiente de la currícula nacional

El plan educativo argentino todavía no se adaptó a los desafíos globales para contribuir a una mayor conciencia social en miras a lograr consumos más sustentables.
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Existe la falsa creencia de que prender la luz y tener energía es un derecho adquirido, pero la realidad es que es un proceso que conlleva una gran inversión y la educación es clave para tener un consumo más eficiente, reducir costos del sistema y contaminar menos al medio ambiente.

Cómo explicó EOL, alrededor de un tercio de la reducción de emisiones que prevén las metas del Acuerdo de París se dará a partir de la eficiencia energética. Y para que ello suceda, es necesario concientizar a toda la sociedad desde sus primeros años en el sistema educativo.

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En este sentido, y como señala Enrique Brian, especialista en energía, “la educación en chicos y adolescentes es vital porque el contexto requiere ciudadanos inteligentes del futuro”. Por un lado, usuarios eficientes e inteligentes de la energía que hagan un uso racional y eficiente de este recurso limitado; por otro lado, que tengan la capacidad de demandar la energía de la fuente que requieren, y por último que sirvan de vectores para enseñarles a las generaciones que los precedieron, quienes estarán atrasadas en relación al conocimiento de los más jóvenes.

“Ellos deben ser los capacitadores de las generaciones mayores y deberán pedirle al entorno que sean ciudadanos más eficientes”, aclara el especialista. Asimismo, serán quienes tengan la capacidad de pensarse como prosumidores (que no solo consumen, sino que, además, producen). Todo esto confluiría en un cambio cultural para que haya una transición energética real y un consumo responsable de la energía.

La transición energética como tal es pensar cómo llegaremos de A a B de una forma ordenada generando energía y consumiéndola de forma responsable y eficiente para impactar lo menos posible en el planeta los próximos años y tratar de limpiar la matriz energética global que permita la accesibilidad de la energía a las generaciones futuras, es decir, los millones de habitantes que habitarán el mundo. “No necesitamos generar ciudadanos extremistas del cambio, sino conciencia y educación. La transición requiere orden y proceso”, aclara Brian.

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¿Resistencia al cambio?

El asunto es qué sucede cuando, desde el ámbito educativo nacional todavía no existe una currícula asociada a la energía, y –a al mismo tiempo- cuando se habla de ella sólo se la considera en relación al cambio climático. Esto puede explicar por qué entidades como la Secretaría de Energía de la Nación aún no disponen de planes nacionales en torno a la temática.  Recordemos que en 2021 se sancionó y promulgó la Ley N°27.621 para la Implementación de la Educación Ambiental Integral en todo el país, pero la energía no es un aspecto clave de la misma.

“No se la asocia al problema global de la energía para abastecer al mundo, a las actividades y a la economía. Hay una visión simplista, como si la energía fuese solo un problema que es producto del calentamiento climático”, asegura Fernando Halperín, Coordinador de Educación y del Plan de Comunicaciones de IAPG (Instituto Argentino del Petróleo y del Gas). Hoy la educación de manual que tienen las escuelas en su currícula no es la energía como problemática económica y social. “No hay resistencia del sector público, pero sí una falta de conciencia para captar la complejidad del tema y a partir de allí cambiar la currícula actual en los establecimientos educativos del país”, afirma el coordinador del IAPG.

En los últimos tiempos, desde Fundación YPF y IAPG comenzaron a alertar sobre la riqueza de este tema y sobre el “poco y malo material que hay”, en palabras de Halperín. Entre las acciones que llevó adelante el Instituto, el entonces Ministerio de Economía los convocó en 2017 para capacitar a 750 docentes junto con Fundación Vida Silvestre en las provincias de La Rioja, Salta, Río Negro, Mendoza, Tierra del Fuego y Provincia de Buenos Aires. Asimismo, Fundación YPF trabajó junto con el Ministerio de Educación Nacional para que los Núcleos de Aprendizaje Prioritario (NAP) en Ciencias Naturales se estructuraran a partir de temas de energía.

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También cuentan con acciones intensivas de iniciativa propia, por ejemplo brindan  300 talleres por año en escuelas de Capital Federal y Gran Buenos Aires sobre educación para la energía donde hablan de la energía, sus impactos, cuáles son las fuentes, los pros y los contras, las matrices de generación eléctrica, las matrices de un país rico, pobre y casos como el de Francia –que generó una matriz para bajar su dependencia de los fósiles-; entre otros temas. El IAPG también creó algunas iniciativas, como la Mesa de Eficiencia Energética que llevó adelante junto con la Legislatura de Neuquén y el Ministerio de Educación. “Recorrimos escuelas técnicas en el marco de un programa que buscaba mejorar la eficiencia energética de los colegios”, mencionan desde el Instituto. En la actualidad, la empresa Total, el IAPG y el Ministerio de Educación de Neuquén desarrollan cursos completos de energía para alumnos de escuelas técnicas que se encuentran finalizando el secundario, una especie de prueba piloto con la posibilidad de masificarla.