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Cuál es el impacto de la “mochila energética” en el costo de las pymes

A diferencia de los usuarios residenciales, las fábricas industriales están sufriendo fuertes incrementos tarifarios que golpean la rentabilidad de las pequeñas firmas.
Aumento de tarifas de luz

Para numerosas pequeñas y medianas empresas industriales, la relativa recuperación de la actividad que se observa mes a mes en determinados sectores productivos tiene un lado B que actúa en sentido contrario y puede frenar todo el proceso.

El costo de la energía y, sobre todo, el ritmo de actualización de las tarifas, concentra hoy la atención de los empresarios pyme, que alertan sobre el impacto que tiene en su rentabilidad. Es que, a diferencia del congelamiento tarifario para usuarios residenciales, en los segmentos industriales las subas han sido muy pronunciadas. Es un dato clave en momentos en que el consumo energético empieza a incrementarse por la mayor actividad.

“Las variaciones de las boletas de electricidad que llegaron a las pymes durante el último semestre son impactantes”, afirmó Daniel Rosato, presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA), encendiendo las alarmas sobre un renglón determinante en la estructura de costos de muchas empresas del sector fabril.

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Rosato aclaró que “en todos los casos pertenecen a aumentos de precios en los cargos adicionales que corresponden al Mercado Eléctrico Mayorista (MEM), que llevaron a duplicar el costo de la energía eléctrica para las fábricas electrointensivas”.

El empresario advirtió sobre la incidencia que tendrá el costo de la energía en la inflación, con incrementos en las boletas que llegan al 100% -enfatizó- además de tener efectos negativos sobre la inversión, “poniendo un parate en el buen ritmo de reactivación de la economía”.

Para el titular de IPA “el salto desencajado del precio de la electricidad que llegó a las pymes tendrá una consecuencia muy fuerte sobre la economía”, y sin eufemismos planteó los dos escenarios posibles a partir de esta situación: “O bien las empresas anulan prácticamente la rentabilidad, o se ven obligadas a traspasar los mayores costos a los productos”.

En este último caso, la amenaza de aceleración inflacionaria está latente. Los propios datos oficiales dan una pauta de lo que ocurre con este componente del costo según sea su variación. El Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM), que difundió el pasado 18 de agosto el Indec, marcó un incremento de 2,2% en julio, el nivel más bajo en catorce meses.

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Fuente: Admira.

Sin embargo, la energía eléctrica registró una suba del 1% en relación al mes anterior. Y en el acumulado de los primeros siete meses del año ya trepa a 45,1% y esto se refiere sólo a precios mayoristas, no incluye las tarifas residenciales por caso, que están congeladas.

Fuentes de la Unión Industrial Argentina (UIA) aseguraron a este medio que el impacto de aumentos en el costo de la energía, depende de cada rama de actividad. La mayoría de las industrias utiliza electricidad en el proceso productivo, incluso algunos sectores que son grandes consumidores compran el servicio de media tensión y luego lo transforman a 380 V. Pero también hay actividades que combinan con gas para algunos de sus procesos.

Lo que es cierto es que, en el caso de industrias electrointensivas, “la energía puede representar entre 20% y 30% de su estructura de costos”, señalan en la central fabril.

Ante la consulta sobre la posibilidad de traslado a precios de los aumentos en las tarifas eléctricas, la fuente señaló que “iría a precios si el mercado lo permitiera, pero no siempre es así porque hay mucha competencia”. Y aclara que la industria “no tiene tarifas congeladas, ya subió más de 20% en el año”.

Para Rosato, en tanto, “un aumento del 100% en el costo de la energía es imposible de trasladar a góndola porque la inflación no da para más. Aunque la represión de los aumentos surgidos de los insumos difundidos es pan para hoy y hambre para mañana”.

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En el sector manufacturero hay “mucha preocupación” por la calidad del servicio eléctrico, incluso más que por las tarifas, pero en un escenario en el que reina la incertidumbre por lo que puede ocurrir con las tarifas tras las elecciones de noviembre.

Por su parte, Yanina Busquet, economista de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), apuntó que, según los cálculos de la entidad en el primer semestre del año, el costo de la energía aumentó 10,6% (generación, servicio y transporte).

Pero en algunos segmentos del negocio metalúrgico, como es la fundición, la energía representa hasta un 16% del costo total, dado que son industrias electrointensivas.

“El mayor impacto de la energía en la industria metalúrgica se vio en los años 2017 y 2018 con aumentos muy importantes por la dolarización de tarifas”, señaló Busquet. Es que en los últimos cinco años el costo de la energía se despegó del resto y a partir de ahí se mantuvo en niveles muy elevados. Desde la entidad vienen pidiendo a la Secretaría de Energía por un nuevo régimen tarifario diferencial para empresas electrointensivas, aunque por el momento sin avances concretos.