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Cómo afecta la crisis del gas a los objetivos ambientales de la agenda 2030

El desarrollo de las energías renovables en la Argentina se ve comprometida por el gas, que dentro de la estrategia en el país, se convirtió en la gran prioridad.

El 2022 representa un terreno escarpado que presiona a la Argentina a buscar una mayor independencia energética. La guerra en tiempos de ajuste e invierno suponen más de una barrera para la importación de gas. En consecuencia, la inversión en energías renovables se convierte en un programa secundario ante una amenaza a la seguridad energética.

En el mundo entero se demuestra la tensión que existe entre dos necesidades fundamentales en este rubro: la seguridad y la transición energética. Países como China y regiones como Europa, con menos de un año de haberse comprometido a los objetivos de emisión cero para el 2050, parecen haberse distanciado de los compromisos hechos. “Alemania volvió a quemar carbón para sustituir la importación de gas ruso, Reino Unido está relajando sus regulaciones contra el fracking”, comentó en diálogo con EOL, Juan Arroyo, economista consultor especializado en energía.

La Argentina, por su parte, tiene que resolver su crisis financiera antes de poder continuar con cualquier otra proyección; por lo pronto el objetivo central en este campo parece ser la independencia energética para después enfocarse en los otros objetivos del Plan de Transición: invertir en energías renovables y la Estrategia Nacional para el Desarrollo de Hidrógeno.

En el país, el alza en los precios se traduce en una necesidad de acelerar un proceso central en la estrategia energética: desarrollar la industria de producción de gas, especialmente proveniente de la cuenca neuquina, con el proyecto de Vaca Muerta. Hoy en día, el gas natural representa el 54% de la producción energética en el país y a su vez una de las fuentes que más emisiones genera, pero muy por debajo del carbón y de los combustibles derivados del petróleo.

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Sin embargo, la continuación en el desarrollo del gas se plantea como necesaria para las transiciones energéticas. Esto no es solo planteado por la Argentina, Europa tiene un debate desde hace años en la que varios países plantearon al gas como un hidrocarburo de transición, sobre todo para sustituir la quema del carbón que es mucho más contaminante.

La amenaza de una ralentización en el desarrollo de la industria energética existe de no lograr mayor independencia comercial. Para este invierno, la escasez amenaza la búsqueda de reducir la compra de gas. Incluso el secretario de energía, Darío Martínez, anunció, a principios del mes, un posible desabastecimiento de no incrementar las importaciones en los meses de abril y mayo. Esto se podría traducir en mayor gasto para cubrir la demanda y una probable reducción en la velocidad de producción.

Para Arroyo, la falta de desarrollo de la industria del gas representa una crisis también en las renovables. “El gas en argentina tiene el rol de sustituir importaciones de combustibles líquidos que puedan permitir cubrir el consumo nacional e incluso exportar. Esto se convierte en una opción para la generación de divisas”, necesidad que, hasta ahora, también requiere el desarrollo de renovables.

Aunque en su último reporte (2020), la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico S.A. (CAMMESA) indica que un 10% la demanda nacional es cubierta por fuentes renovables, las inversiones en materiales e instalación se han detenido casi en su totalidad después de la crisis cambiaria que sufrió el país.

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Argentina vio una explosión en la potencia escalada de energías renovables, particularmente del 2016 a 2018. Sin embargo, esto se vio amenazado por la vulnerabilidad del esquema de incentivos. “Estaba muy atado al crédito externo, así que, con la crisis cambiaria del 2018, casi toda inversión se detuvo”, comentó Arroyo.

Además, ciertos sectores de las renovables también se han visto amenazadas por el cambio climático. Tal es el caso de las represas hidroeléctricas, que con la sequía en la región del Comahue y la bajante histórica del Paraná, bajaron su producción sustancialmente. Algo que derivó en que el gobierno en la tarea de replantear su inversión en este sector para los próximos años.

La dependencia del sector renovable a la estabilidad y crecimiento del gas es innegable para el país. Por lo cual, el escenario parece ser estanco o de muy lento crecimiento. La dinámica sería mantener la producción ya existente y poco a poco ampliarse conforme la industria del gas se expanda y los escenarios financieros mejoren.

“La gasificación plantea ser proveedor regional a Chile, Brasil, y la reversión del comercio con Bolivia, que ya va declinando su producción”, cuenta el economista especializado que considera que es una ventana de oportunidad para la exportación de petróleo. También apuntó que, con la modificación en la correlación de fuerza de los principales exportadores de gas (tras el embargo a Rusia y la guerra con Ucrania), la Argentina podría, eventualmente, ser un proveedor internacional. Ante tal escenario, cumplir los objetivos para el 2030 y el 2050 dependen mucho de cómo se posicione la argentina en el sector.