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Bajante histórica del Paraná: cuál es el impacto sobre la generación eléctrica

Brasil sufre una de las sequías más extremas que ha vivido en su historia y toda la cuenca se ve afectada. ¿Cómo repercute sobre las hidroeléctricas, los ciclos combinados y las centrales nucleares?
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Fuente: Télam.

“Si la lógica se cumple, esto sólo puede estar peor de acá a octubre. Todo puede cambiar, porque sabemos que la naturaleza no siempre se comporta como la historia, pero la tendencia de lo que es esperable es que no se produzca una reversión de este fenómeno”, dice Roberto Fagán, consultor del Comité Argentino del Consejo Mundial de la Energía.

La bajante histórica del río Paraná, que ya superó la sequía registrada en 1944, da cuenta de cómo algo tan básico –y para una gran mayoría naturalizado– como el agua, puede derivar en coletazos de todo tipo que termina afectando a la dinámica habitual en la logística, industrias, consumos y hábitos cotidianos, así como también en la generación de energía, al margen de la hidráulica.

Fagán señala que, pese a ser una de las bajantes más grandes que se hayan registrado, el escenario “no es más grave gracias a que Brasil tiene la cantidad de represas que tiene. En la extensión del Paraná y sus afluentes, que nacen al norte de San Pablo, debe tener no menos de diez represas que van guardando el agua. Lo que ha pasado es que Brasil está en una sequía extrema, de las más grandes que ha tenido. La gran sequía está en la zona centro-sur de Brasil”.

Al muy bajo caudal del río Paraná –hoy son 5.800 metros cúbicos por segundo que ingresan a Yacyretá cuando en esta época del año debería rondar los 12.000 metros cúbicos por segundo– se suman los bajos caudales también del río Uruguay y el río Iguazú.

Para el caso del Paraná, “estamos hablando de un tercio del caudal normal. Y cuando hay una crecida, tiene cerca de 26 mil o 30 mil metros cúbicos. O sea, lo que hay hoy es la décima parte de lo que viene en una crecida”. Las imágenes de un río transformado en extensas playas se han hecho notar en las redes sociales en los últimos días y una alarma se encendió en el Ejecutivo.

El sostenimiento de la bajante hizo que el gobierno nacional advirtiera la población de siete provincias para un mayor racionamiento del consumo de agua. Se trata de Corrientes, Santa Fe, Entre Ríos, Buenos Aires, Chaco, Formosa y Misiones.   

Desde hace varios meses que el sector energético viene dando cuenta de cómo la generación de la represa Yacyretá se ve arrinconada ante el bajo caudal proveniente de un río que nace en el sur de Brasil a casi mil kilómetros de la represa binacional. Sin embargo, las centrales termoeléctricas ubicadas a lo largo de la traza del Paraná y las centrales Atucha I y II pueden verse en jaque, ya que ellas también hacen uso del agua.

El impacto, más allá de la hidroeléctrica

El agua también es un insumo fundamental para la operación habitual de centrales termoeléctricas o también de centrales nucleares, como es el caso de Atucha I y II, ubicadas a la vera del río Paraná. Estas utilizan el agua para refrigerar sus circuitos. Las termoeléctricas, por otra parte, requieren del agua para la generación de vapor. Fagán explica que para las centrales térmicas que operan con combustibles líquidos como el gasoil a modo de control de tipo ambiental resulta un elemento ineludible.

“Si las centrales térmicas funcionan con gasoil, necesitan muchísima agua para el control de emisiones. Si uno quema gasoil y no hace nada, que era lo que se hacía treinta años atrás, estaría violando por lejos el límite de emisiones. Entonces la forma de controlar esas emisiones es a través de la inyección de agua para enfriar la temperatura y así lográs que estén dentro de los parámetros aceptables”, señala.  

El problema que se añade en este contexto de un caudal muy bajo de los ríos casi a nivel generalizado es que la relación de agua que tenés que inyectar es de, por lo menos, un volumen hasta dos veces y medio mayor al gasoil que se quema.

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A la pregunta de qué consecuencias puede tener el bajo caudal del Paraná sobre la operación de centrales termoeléctricas y nucleares, Fagán sostiene que, en definitiva, depende de las condiciones que tengan. “Hay centrales que tienen una toma muy adentro del río a partir de una toma subterránea, como es el caso de ciclo combinado de Costanera, que al estar tomando del río estaría más protegido que alguien que está tomando de la orilla. Otros tienen el bombeo de napas, como por ejemplo la Termoeléctrica Belgrano. Pero hay otras centrales que están más complicadas. Pueden tener limitaciones de agua de refrigeración”, dice.

A partir de esta realidad, la dirección de la central Atucha anunció que trabaja para modificar la ubicación de sus tomas. Y esto es así porque, indica Fagán, “en general, las fluctuaciones de nivel normales no son de más de un metro de desnivel, y lo que está habiendo ahora son más de tres metros de desnivel. Entonces, donde estabas tomando agua ahora estamos tomando aire. Hay que ir a meter la cañería más al río, pero el problema es que cuando venga la crecida te la va a llevar puesta porque entrás en una zona de mucha correntada”.

“El problema más grave que se puede suscitar con la bajante del Paraná –dice Oscar Medina, consultor energético y ex miembro de Cammesa y el ENRE– está más atado al uso consuntivo del agua en las ciudades que están al borde del río que desde el punto de vista eléctrico”.

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Lo entiende de este modo porque, al contar con “un parque térmico de ciclos combinados muy grande y que es el que sostiene la generación, no depende del agua del Paraná para funcionar. O sea, va a depender más de la disponibilidad que tengamos de combustibles líquidos y gas”. Esto significa que si esta bajante no pone en juego a la generación eléctrica propiamente dicha, sí lo hace en cuanto al insumo del que se vale para generar energía. Es decir, si la generación no puede contar con la cantidad de agua que requiere necesariamente tendrá que recurrir más a los combustibles líquidos, que son más costosos y, en términos ambientales, más nocivos.

Por esta razón, remarca Medina “que el Gobierno reaccionó un poco el último mes y mejoró el precio para la producción de Vaca Muerta y no creo que vaya a haber problema por el lado del gas. De cualquier modo, hay que seguirlo porque es una bajante histórica”.

El sur

“Para colmo, está el problema de que no hay agua en el sur”, dice Fagán y agrega que “a los embalses les pegaron una paliza en el otoño para no importar más combustible, los dejaron muy bajos y ahora no hay nieve”. Esto arroja, según considera él, “una combinación bastante complicada desde el punto de vista eléctrico, porque lo van a tener que paliar importando más gas de barco, gasoil y fueloil”.

Según registra Cammesa a la fecha, el río Neuquén tiene un nivel de 90 metros cúbicos por segundo de entrante, cuando para esta época del año esa cifra debería alcanzar por lo menos los 500 metros cúbicos por segundo. El río Limay, en 139 metros cúbicos por segundo, cuando debería estar en 300 m³. Y el Collón Curá, en 165 metros cúbicos por segundo, cuando debería estar en 700 m³. Esto lleva a que, en el conjunto de las cuencas de este gran polo hidroeléctrico nacional, la faltante para el funcionamiento pleno del sistema giraría en torno a los 9.000 MW/h.

La escasa caída de nieve en el sur al momento hace que el panorama general se agrave aún más. Al no haber ingresado grandes lluvias durante el otoño, la espera de nieve a partir de junio se hace más acuciante. Lo que ocurre es que al no haberse dado el nivel de precipitación esperada ya no está humectada la cuenca. “Si llueve en otoño, tenés una cuenca está drenando y ríos que traen caudal. Pero, cuando eso no sucede, la nieve que después cae no se derrite fácil”, explica.