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Alberto refuerza su compromiso ambiental con EEUU y a cambio pide que se extiendan los plazos de la deuda

En la apertura de la Cumbre Climática Latinoamericana, anunció un incremento del 2% en las metas de Argentina y solicitó que se considere el concepto de “acreedores ambientales” para mejorar el perfil de vencimientos.
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El presidente Alberto Fernández se inclinó decididamente por la propuesta de Juan Cabandié y planteó un canje de “deuda por acción ambiental” para mejorar las condiciones de un acuerdo con el FMI.

Aprovechando la visibilidad que le otorgó el hecho de ser el anfitrión de la Cumbre Climática Latinoamericana que el propio gobierno de Estados Unidos le pidió que organice, Fernández se mostró totalmente alineado con la agenda verde que impulsan los demócratas, pero solicitó una serie de contrapartidas que ayuden a los países en vías de desarrollo.

“Necesitamos poner en valor los activos ambientales. No podemos medir el crecimiento del mundo con la misma vara de la era industrial contaminante. Necesitamos un gran pacto de solidaridad ambiental que sirva para extender los plazos para atender los pagos de endeudamiento y la aplicación de menores tasas bajo las actuales circunstancias del estrés sanitario y ecológico”, destacó.

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En esa línea, afirmó que “el concepto de deuda ambiental y la categoría de acreedores ambientales son otras claves para la salida de la crisis” y subrayó la importancia de articular los ministerios de Ambiente y Economía, enunciados que vienen siendo repetidos desde hace varios meses por el titular de la cartera ambiental argentina, que ahora se ve notablemente fortalecido.

Siguiendo con la larga lista de “aportes” a los países desarrollados que solicitó Fernández, se destaca la liberalización de patentes de las tecnologías renovables y el incremento del crédito para diversificar las matrices energéticas.

“Necesitamos financiamiento y nuevas reglas e incentivos globales para que la transición no agigante las brechas de bienestar en nuestro planeta. Necesitamos que los organismos internacionales de desarrollo comprometan al menos el 50% del crédito de sus carteras a sus acciones ambientales y el puntapié inicial de esa capitalización debe estar dado por los países desarrollados”, agregó.

En este caso, John Kerry, enviado especial para el Clima de los Estados Unidos, recogió el guante y prometió que, de acuerdo a lo negociado con los seis principales bancos de su país, el piso mínimo de financiamiento verde durante los próximos 10 años será de 4,16 billones de dólares (trillones en términos numéricos de Estados Unidos).

Contexto geopolítico favorable

El camino de esta estrategia tomada por Argentina fue allanado en gran parte gracias al presidente brasilero Jair Bolsonaro -ausente en esta cumbre- que no sólo fue el mayor aliado de Donald Trump, sino que ahora califica a Biden como “izquierdista” y como un “obsesivo del medio ambiente”.

Bajo este escenario es que Alberto se muestra como el interlocutor natural de la agenda verde estadounidense en la región, un rol que fue legitimado por la Casa Blanca al otorgarle la organización de esta cumbre.

En ese marco, el hecho de que Argentina se encuentre bastante atrás del promedio sudamericano respecto a su avance hacia fuentes renovables, la obliga a acelerar sus compromisos en la materia.

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“La Argentina ha decidido poner a la acción climática y ambiental en el centro de sus prioridades. Formalizaremos en la próxima COP de Glasgow un incremento del 2% en la ambición de nuestra contribución que determinamos nacionalmente, lo que resulta en un compromiso un 27,7% superior al presentado en 2016”, anunció.

“El momento es actuar ahora, el reloj de la destrucción planetaria no se va a detener. La cumbre de líderes del Día de la tierra convocada hace muy poco tiempo por el presidente Biden consagró a la agenda climática como prioridad política y económica a nivel global. Propusimos esta cumbre para abordarla desde una perspectiva genuinamente latinoamericana y decisivamente orientada al debate de cara a la reunión de Glasgow”, agregó.

El único interrogante en esta estrategia es qué pasará con el desarrollo de Vaca Muerta, que apenas está despegando justo cuando el mundo se replantea acelerar el abandono de los hidrocarburos. El nuevo discurso ambientalista del gobierno va en contra de la industria Oil&Gas, aunque es muy poco probable que le ponga un freno a la formación neuquina. Distinto puede ser el caso del petróleo offshore, cuyos permisos ambientales siguen cajoneados en el despacho de Cabandié y su cancelación puede ser utilizada como un gesto “de buena voluntad” por parte del país hacia la comunidad internacional.

El guiño de la ONU

El Secretario General de las Naciones Unidas Antonio Guterres, con quien Alberto Fernández se reunió en varias oportunidades durante sus diversas giras europeas de los últimos años, se mostró bastante cercano a la postura enunciada por Argentina.

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El portugués dijo que seguirá “defendiendo que la arquitectura internacional de financiación del desarrollo debe ofrecer opciones que vinculen la acción climática con la sostenibilidad de la deuda” y apoyó la moción para que los bancos de desarrollo asignen un 50% del crédito a proyectos de transición energética.

“Los países en desarrollo necesitan 70.000 millones al año, cifra que podría cuadruplicarse para fines de esta década. Necesitamos que los bancos de desarrollo incluyan el objetivo de 1,5 grados en sus carteras de adaptación, que faciliten el acceso a la financiación y que estén dispuestos a asumir un mayor riesgo”, indicó.

Por otro lado, pidió “una transición justa” para “las trabajadoras y los trabajadores de los sectores con altas emisiones de carbono y relacionados con los combustibles fósiles”, algo muy importante en un país tan volcado hacia los hidrocarburos como el nuestro.

¿Cómo se manifestó el resto de los países latinoamericanos?

Como era de esperarse, la propuesta del presidente argentino tuvo mucho eco en los discursos de otros mandatarios que, lógicamente, también se verían beneficiados por este “canje” ambiental como la primera ministra de Barbados, Mia Amor Mottley, el Presidente de República Dominicana, Luis Abinader, o el mandatario de Costa Rica, Carlos Alvarado Quesada.

Incluso Iván Duque, presidente de Colombia que representa una visión ideológica opuesta a la del argentino, manifestó la necesidad de establecer “sistemas de condonación o neutralización de deuda contra objetivos logrados en materia de acción climática”.